Papá estaba enojado, parecía de nuevo un ogro (como de costumbre), sin embargo algunas veces deseaba que lo notasen un poco amable, es así como se apoderaba de aquella personalidad de niño que siempre me ha agradado y empezó a sacar uno a uno los viejos lp’s guardados en aquella casa que tanto odio, grupos de salsa, música antigua, algo de disco y unos cuantos clásicos del rock (que fueron los únicos que llamaron mi cruda atención), me sentía como un niño en una tienda de dulces: ¿Quieren escuchar alguno? Preguntó, y yo con una sonrisita asentí.
Recuerdo cuando era niña, todo era simple y bello, jamás fui del común, era de esas chicas “rudas” que andaba con un grupo de chicos jugando al fut y hablando de lo asqueroso que era el amor, leía libros de aventuras y me divertía con actividades simples y aburridas, como hablar con lombrices y escarabajos, hacía mi tarea por que odiaba a los maestros, pero odiaba más cuando creían que eran más inteligentes por ser más viejos.
-♫Smoke on the water, fire in the sky ♫- desperté de mi somnolencia, papa colocó el Viejo Lp de Deep Purple
Tenía dos mejores amigos, cuyos nombres aún recuerdo, uno de ellos me quería más de la cuenta, pero yo le recordaba que el amor me repugnaba, así que se resigno a nunca recibir nada de mi parte (Desde pequeña ya tenía dificultad para mostrar cariño), llegaba a casa, me miraba al espejo, ¿Por qué no podía ser un niño? Hacía todo para parecer uno de ellos...Las niñas no me agradan, siempre concentradas en sus muñecas y vestidos (la única vez que jugaba con muñecas era con mi primo, las tomábamos para pasarles por encima con los autos de juguete), siempre querían estar peinadas, usar la ropa de mamá e infectar su cara con maquillaje por kilos… ¡Cuánto DESEABA ser un niño!
Papa ahora colocaba música disco. Continúo en mi letargo.
No quiero crecer, siempre lo repito una y otra vez. Miraba la Tv y reía con programas que ya no transmiten, adoraba ver coraje, el perro cobarde tan débil y “valiente” a su manera, resguardándose y protegiendo a los suyos de los monstruos que lo atacaban, sentía que era como él; un niño me mandaba cartas de amor y mamá pensaba que era adorable, programó una “cita” junto con la mamá de él, vaya que confabulación, sentía nauseas , mis siete años eran suficientes para saber que no se es feliz en un lugar en el que no deseas estar.
-Coloca este- le dije a mi papá pasándole el Lp 2 por el lado A de Pink Floyd, ahí estaba esa canción que siempre se incrusta en mis intestinos revolviendo mi panza y mis sentimientos: Hey You.
Papá y mamá ya no se querían, yo me acostaba en su habitación por la noche, en medio de la cama intentando juntar sus manos, el ya no quería, ella tampoco y me repetían una y otra vez: déjanos dormir. Sus gritos hicieron de mi mascota mi mejor consuelo, cada día sentía más repulsión a esas relaciones que juraban ser eternas y escasamente alcanzaban un lapso de tiempo nulo.
Terminando de escuchar fragmentos de el álbum negro de The Beatles, me despedía de papá, mamá llamaba y en realidad yo no quería verlo más, me recordaba aquello que sentía cuando me volvía fría por dentro, en aquellos malos ratos en los que se convertía en ogro, maté a aquella niña y se que mi condena es perpetua por enterrarla diez mil metros bajo el olvido.

No hay comentarios:
Publicar un comentario